Las conductas de riesgo aparecen como uno de los problemas de salud que afectan a la población adolescente y que mayor interés han despertado debido a los elevados costes humanos, económicos y sociales que representan para la sociedad.
Hoy se dispone de una amplia evidencia científica que pone de relieve el notable incremento de las conductas antisociales en los jóvenes. Agresiones verbales y físicas dentro del contexto escolar (compañeros/as y profesores) o en la familia (padres, madres y hermanos), actos de vandalismo y robos a pequeña escala se están incorporando como patrones normativos para algunos adolescentes y en los medios de comunicación cada vez son más frecuentes las noticias relacionadas con este tipo de actos. Tanto la conducta antisocial como el consumo de drogas son actividades que suponen un enfrentamiento con las normas sociales y que estimulan una reacción social dirigida a su control. En este sentido, estas conductas pueden incluirse en el grupo de actividades que reciben la denominación de problemas de conducta en la adolescencia.
A lo largo de la historia, el análisis de las conductas de riesgo se ha considerado aisladamente y las energías depositadas en el tratamiento y la prevención de cada una de ellas se han desarrollado independientemente. Numerosos estudios, sin embargo, sugieren la existencia de una estrecha relación entre el consumo de drogas y el comportamiento antisocial. Se ha comprobado que diferentes consumos se asocian con otras conductas problemáticas como la actividad sexual prematura, el absentismo escolaro la delincuencia.
Las relaciones entre estas conductas llegan a ser bastante importantes, más aún estos comportamientos se encuentran relacionados con el mismo tipo de variables personales y ambientales, lo cual nos indica que esas “conductas problema” parecen estar causadas por los mismos factores subyacentes. Así, estos comportamientos probablemente deban ser percibidos como la manifestación de un mismo fenómeno, más que como fenómenos independientes.
Por eso, el programa que presentamos se centra en determinantes subyacentes de estas conductas, tratando de aportar a los padres y madres herramientas válidas que les permitan detectar y controlar estas conductas en sus inicios, antes de que adquieran severidad y cronicidad en la vida de sus hijos.
La posibilidad de establecer una autoestima positiva basada en logros, cumplimiento de responsabilidades, oportunidades de desarrollar destrezas sociales, cognitivas y emocionales para enfrentarse problemas, tomar decisiones y prever consecuencias, incrementar el control interno, entre otros, son factores protectores personales que pueden ser fomentados y que se vinculan con el desarrollo de la resiliencia, factor importante en este período etario, que se refleja en la sorprendente capacidad que muestran muchos seres humanos de crecer y desarrollarse en medios adversos y alcanzar niveles de competencia y salud.
Es necesario que la familia apoye el crecimiento del adolescente; esté presente en el desarrollo de su autonomía; tenga capacidad para entender y adaptarse a los cambios que se producen en el joven, sin necesidad de estigmatizarlo; logre resolver e incorporar los conflictos que surgen en la dinámica familiar; comparta las necesidades de los nuevos roles; y pueda, desde una perspectiva empática, guiar, aconsejar, colaborar y supervisar.
Por todo esto, presentamos el Programa de Prevención de Conductas de Riesgo �Unas buenas razones para disfrutar educando a tus hijos� como útil con la pretensión de facilitar el desarrollo de un proceso de reflexión y análisis de situaciones cotidianas con padres y madres, y animar a su vez a comprender la importancia del papel que desempeñan como agentes preventivos.
Las conductas de riesgo se abordarán desde una perspectiva preventiva, de anticipación en lo posible, para que los padres sean capaces de establecer conexiones entre sus acciones educativas y los efectos preventivos que producen en los hijos respecto a esas conductas de riesgo (violencia, anorexia, bulimia, abandono escolar, etc.)
La formación dirigida a los padres no se limita a ofrecer un repertorio de conceptos sobre la familia y la prevención, sino que constituye una herramienta complementaria a su labor educativa. Lo que se vive en el hogar, es un factor de protección de primer orden frente a los factores de riesgo personales y sociales; teniendo en cuenta que los padres no deben eliminar ni solucionar dichos factores de riesgo, sino enseñar a sus hijos a manejarlos de forma autónoma y segura.
Su objetivo es el de aportar claves de manejo y orientación destinadas a que las figuras parentales cumplan de modo óptimo su función de guías de la familia.